Historia

Colinas de Bello Monte: Una terraza sobre el Avila

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Durante el siglo XIX, se extendía por el sur de Sabana Grande la hacienda Bello Monte, productora de caña de azúcar. La antigua casa de la hacienda -ya desaparecida, ubicada al final de la actual avenida Casanova- fue  visitada por el barón Alexander Von Humboldt durante su estancia en Caracas, en 1799, desde donde practicó observaciones astronómicas y mediciones meteorológicas.

Para 1949, la sucesión Casanova, dueña de estos terrenos, planificó el desarrollo de Colinas de Bello Monte fué la primera urbanización construida sobre laderas en Caracas, a pesar de que aún existía muchísimo terreno disponible en el valle caraqueño para construir. Su urbanizador fue Inocente Palacios, su pasión por la música, unida a una conexión muy cercana a la arquitectura brasileña a través de su amistad con Oscar Niemeyer, van a modelar tanto su visión como su ambición urbana.

Palacios comienza a dedicarse abiertamente al urbanismo; promotor cultural vuelto promotor urbano. Ayudado por el arquitecto italiano Antonio Lombardini, llamado el “arquitecto de colinas”, y un notable equipo, hace Colinas de Bello Monte. El promotor empresario elabora con ellos las tipologías de la mirada belmontina: Lombardini le diseña “Caurimare”, su casa-conservatorio montada “en un pico de ésos”, una casa tan “absurdamente grande que hicimos muchos grandiosos conciertos, a veces hasta de cuarenta músicos” (2); Niemeyer, otro aficionado a los barrancos, idea el anteproyecto de un Museo de Arte para Caracas, una pirámide invertida que descansa incomprensiblemente estable en el borde de un barranco sobre su mínimo vértice; construye en una cañada la Concha Acústica, “un escenario al aire libre de condiciones acústicas excelentes”, para celebrar sus festivales musicales (3); llama a un concurso internacional para hacer la casa tipo de Bello Monte, cuya principal exigencia era que pudiera colgarse de la más aguda de las pendientes posibles, y cuyo proyecto ganador de José Miguel Galia, un pequeño prototipo “montado como un nido de águila en un cerro”, es inaugurado con aire festivo “para demostrar que se podía hacer”(4); así aparecen “las primeras cosas fabulosas de Colinas”, las dramáticas villas en voladizo, con ecos de Libera y de Scarpa, “aquellas casas que salieron guindando” en el “Aunque Ud. no lo crea”, de Ripley; Palacios es también el mentor de audaces proyectos de arquitectura que le encargaba a los mejores arquitectos del país: Vivas hace el icónico paraboloide hiperbólico del Club Táchira (5), Alcock el ondulante óbus de ladrillo de Altolar, Vegas & Galia sus mitológicos edificios morochos (6).

Aproximadamente en el año 1957 se inician las obras, y se dinamita el cerro El Perico para la construcción de la casa de Inocente Palacios. Una de las metas que guió el proyecto fue la construcción de viviendas unifamiliares con vista al Ávila. Así se estructuró un tejido compuesto de edificaciones aisladas en un perfil parcelario de variados tamaños y formas. Es una zona predominantemente residencial unifamiliar y multifamiliar con alturas máximas de diez pisos; que presenta también el uso secundario comercial, concentrado en las áreas más planas de su parte sur.

La topografía cambiante, modela un perfil edilicio particular. Las casas unifamiliares se encuentran en las zonas de pendiente más pronunciada; y cuando la topografía se suaviza, en la margen derecha del Río Guaire, resaltan edificaciones corporativas de mediana escala, así como un gran número de edificaciones cuyos usos van desde el uso estrictamente comercial hasta el mixto residencial-comercial.

En las áreas de topografía más abrupta resulta un factor común la fuerte presencia de vegetación, haciendo de la urbanización un pulmón verde de la ciudad, un desarrollo armónico con altos valores ambientales y paisajísticos. Esta urbanización significó un proyecto de desarrollo arquitectónico armónico marcado por la confluencia del paisaje natural y urbano, constituyendo una de las primeras respuestas ante el apresurado crecimiento de la ciudad de Caracas a mitad del siglo XX. En el afiche de promoción de las ventas de la urbanización se presenta la imagen de las colinas como ondas superpuestas de colores que fácilmente se pueden tomar por una partitura musical.

En el año 2005 la urbanización Colinas de Bello Monte fue declarada por el Instituto del Patrimonio Cultural como Bien de Interés Cultural de la Nación, y publicado en la Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela N. 38.234 de fecha 22 de julio de 2005 como una de las manifestaciones tangibles registradas en el I Censo del Patrimonio Cultural Venezolano 2004-2005, y por la Alcaldía del Municipio Baruta como Quinta Bien de Interés Municipal el según Decreto N. 181, publicado en Gaceta Municipal extraordinaria N. 128-04/2005 de fecha 14 de abril de 2005.

Colinas es un lugar tranquilo que está estratégicamente ubicado en la ciudad. Rápidamente entras a cualquier zona de Caracas y tiene muchos caminos verdes por donde andar

FUENTE:

El planificador urbano Otto Carreño van Praag nos habla de la historia de Colinas de Bello Monte y los problemas con las lluvias

El sueño caraqueño

Colinas de Bello Monte. “La suburbia colgante”

Palmo a palmo en Colinas de Bello Monte. El Universal

Fotos de la publicación de Carlos Reglà Castillo en Colinas de Bello Monte

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Un comentario en “Historia

  1. Llegamos a Colinas en el año1957,,Veniamos de Bs. As,ciudad hermosa pero plana,Fuimos a vivir en el decimo piso de la Residencia Dam,en la Avda.Caurimare,quedamos,encantados,fascinados con la vista del Avila y como en los cuentos de hadas…..vivimos felices por 47años!!!!!!!Ahora estamos en Brasil,para reunirnos con nuestros hijos y nietos,pero llevamos Caracas siempre en nuestro corazon,fuedron los mejores años de nuestra vida………..
    Laly y Silvano Spangher

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